
El responsable de Fertilizantes de Prolesa, Ing. Agr. Andrés Fleitas, analizó el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre el mercado global y local
El mercado de fertilizantes atraviesa un momento de alta volatilidad, condicionado por la guerra en Medio Oriente, restricciones de oferta y tensiones logísticas. En particular, el nitrógeno enfrenta un escenario especialmente ajustado por la concentración de la producción en zonas afectadas por el conflicto y por las limitaciones de exportación desde China. A su vez, el fósforo y el potasio muestran dinámicas más moderadas, aunque no quedan al margen del encarecimiento general de la cadena.
En el plano local, Fleitas advierte que hoy no hay problemas inmediatos de abastecimiento, pero sí un riesgo creciente hacia la zafra de invierno si el mercado se paraliza por expectativas de baja de precios. Lo que sigue es un resumen de la entrevista que mantuvo con La Lechera.
¿Qué está pasando hoy en el mercado internacional de fertilizantes?
Está muy condicionado por el conflicto en Medio Oriente. En esa zona se produce cerca de un tercio del nitrógeno del mundo, y a eso se le suma que China tiene restricciones a las exportaciones. Entonces, la oferta global se achica y quedan muy pocos países con capacidad real de abastecer al mundo durante un período prolongado. Eso genera un mercado muy tensionado y con mucha incertidumbre.
¿Ese escenario es el que explica la suba fuerte de precios?
Sí, totalmente. Hubo subas del orden de US$ 200 a 250 por tonelada en muy poco tiempo para la urea. El mercado reaccionó muy rápido porque vio comprometida una parte importante de la oferta global. Además, hay destrucción de infraestructura en zonas productoras, lo que implica que no es un problema que se resuelva de un día para el otro.
Si el conflicto se descomprime, ¿qué puede pasar con los precios?
Puede haber una corrección, seguro. Si hay un alto al fuego o una señal clara de normalización, los precios deberían bajar en el corto plazo, probablemente entre US$ 80 y 150. Pero no van a volver a los niveles previos al conflicto, al menos no en el corto plazo, porque ya se generó un daño en la capacidad productiva que va a llevar meses recomponer.
¿Dónde ves ese nuevo nivel de equilibrio para la urea?
Antes del conflicto estábamos en valores bastante más bajos. Hoy pensar en una urea en el entorno de US$ 650 a 680 post conflicto como piso parece bastante probable. Va a depender mucho de cómo evolucione el conflicto, pero ese escalón ya quedó.
¿Y qué dinámica está teniendo el fósforo?
El fósforo no está tan directamente impactado por la zona de conflicto como el nitrógeno, pero igual se ve afectado. Por un lado, por el encarecimiento logístico, pero también por el aumento del precio del azufre y del amonio, que están muy ligados al petróleo. Pero por otro lado, y mucho más determinante, la decisión de China de cortar las inspecciones de aduanas para la exportación de fertilizantes fosfatados (cortar las exportaciones) en pos de regular sus precios internos. También hay un efecto arrastre: cuando sube un fertilizante, los demás tienden a acompañar en alguna medida.
¿Eso puede cambiar decisiones productivas?
Sí, sin duda. Con fertilizantes caros y precios de los granos que no acompañan en la misma proporción, el productor va a ser mucho más fino. Va a haber más análisis de suelo, más ajuste en las dosis y probablemente una aplicación más selectiva.
¿Y el potasio?
Es un mercado diferente. No está tan vinculado al conflicto actual. Es un mercado más concentrado, con pocos productores grandes, y venía firme desde antes. Puede haber algún movimiento por logística, pero no espero grandes cambios en el corto plazo.
Bajando a Uruguay, ¿hay hoy problemas de disponibilidad?
Hoy, en el muy corto plazo, no. Producto hay. El tema es el precio. Con valores de la urea en el entorno de US$ 820, el mercado está prácticamente paralizado, porque nadie quiere tomar posición esperando que haya una corrección en las próximas semanas.
Entonces, ¿dónde aparece el riesgo?
El riesgo aparece más adelante. Si los productores no compran, los traders tampoco originan mercadería. Y si eso pasa durante varias semanas, cuando llegue el momento de la demanda fuerte puede no haber suficiente producto o logística disponible.
¿Ese descalce cuándo se puede empezar a ver?
Diría que de mayo en adelante. Ahí es donde se empieza a armar la demanda para la zafra de invierno. Si llegamos a ese momento con poco stock y sin compras previas, puede haber problemas.
También puede pasar que, si el precio empieza a bajar, nadie quiera comprar…
Exacto. Se arma un círculo complicado. Si el precio baja, el productor espera más bajas y no compra. Entonces se frena todo el sistema. Y después, cuando todos salen juntos al mercado, aparecen los problemas.
¿Qué tan clave es el calendario agrícola en este escenario?
Es clave. Hoy todavía no arrancó el grueso de la demanda. La lechería ya comenzó, pero la agricultura fuerte arranca en junio y julio. Lo que pase de acá a ese momento, tanto en precios como en el conflicto, va a definir cómo se acomoda todo el mercado.
