Por Alfredo Lago
Con alta probabilidad de un evento Niño intenso, las lluvias se concentrarán sobre la mitad norte del país y golpearán de forma despareja a cada rubro: la ganadería y los cultivos de secano ganan productividad, mientras el arroz enfrenta mayores costos y rendimientos más bajos, en un sector que ya acumula dos zafras con resultado económico negativo. Aun así, el saldo general se perfila favorable para el productor uruguayo.
El ambiente, es lo que este nos proporciona, ofrece y nos determina qué producción se puede practicar en una región.
El Uruguay es parte de una región con ambiente muy favorable para la producción agropecuaria. No en vano es el principal recurso económico del país, siendo además una actividad previa a nuestra propia existencia como nación. Al ambiente regional del que hace parte nuestro país, lo podemos analizar dividiéndolo, de forma simple, en 3 componentes:
1. Clima, 4 estaciones bien definidas, régimen de lluvias excepcional, distribuido en precipitaciones mensuales similares y sin nieve.
2. Topografía, esas llanuras levemente onduladas nos posibilitan facilidad para la actividad y contamos con una gran red fluvial.
3. Suelos, gran parte de nuestro territorio tiene aptitud agrícola y/o forestal y, todo él, muy propicio para ganadería. La interacción de estos componentes ambientales, sumado a productores vocacionales, dedicados y comprometidos con el cuidado de los recursos, han posibilitado practicar la actividad agropecuaria de manera sustentable y eficiente. De estos 3 factores hoy analizaremos el más impredecible, el más variable, quizá el de mayor influencia en nuestra actividad y el que no podemos controlar: el clima.
El clima, su accionar, es diferente en cada año, es casi imposible que uno sea igual a otro, la misma estación puede tener comportamiento disímil si la comparamos con otros años. Esta irregularidad climática, por cierto, influye en el ambiente con consecuencias en la productividad de nuestras actividades, las mismas pueden ser significativas o imperceptibles, pero siempre nuestros resultados son determinados por la oferta climática.
La ciencia ha encontrado respuestas a esa variabilidad, y una de las de mayor impacto en nuestra región es el cambio en la temperatura del Océano Pacífico que se genera en una amplia zona cercana a la línea del Ecuador. La suba en su temperatura se la ha denominado como fenómeno de El Niño, dada la relación al momento de ocurrencia con la Navidad.
Los periodos de baja temperatura del Pacífico, por ser lo opuesto, se le ha denominado fenómeno de La Niña.
Cuando dicha temperatura está dentro del rango normal para esa vasta región oceánica, a esos años, simplemente se los conoce como Neutro.
Los científicos han analizado los datos históricos de las temperaturas del Pacífico llegando a la conclusión que es similar la cantidad de años con incidencia de cada uno de los tres momentos.
Resulta entonces, que, un tercio de los años es Neutro, otro es Niño y otro Niña.
El clima es influenciado cuando estamos atravesando los fenómenos del Niño o Niña, pero la dimensión del impacto está determinada por la intensidad de cada uno de ellos. Por ello, la magnitud y severidad de los cambios en el clima difieren en cada fenómeno, tanto es que en la mayoría de las veces prácticamente no incide.
No todo el clima del planeta está impactado por estos fenómenos, hay gran parte de la Tierra que no se ve afectada. Nuestra región sí es una de las que recibe importante y fuerte incidencia. A su vez, los impactos de estos fenómenos en las regiones incididas difieren entre sí, ocasionando situaciones climáticas totalmente opuestas. En un mismo continente puede haber una zona, tomando como ejemplo un año Niño, de fuerte escasez hídrica y otra, no tan distante, con exceso, y viceversa si es Niña.
Por ello, y de cara a un Niño, inclusive con alta posibilidad de que sea de gran intensidad, veamos cómo este aplica para nuestro país.
En Uruguay, si bien hay afectación en otros factores del clima, los cambios en las precipitaciones son los impactos más evidentes y relevantes, Niño es un periodo de más lluvias, lo opuesto de la Niña donde pueden darse sequías de importancia. A su vez, el Niño si bien aplica a todo el país, tiene mayor impacto sobre la mitad norte del país, abarcando todos los departamentos de frontera y próximos al Brasil.
Mi generación y quienes producimos en esa parte del Uruguay tenemos recuerdos de fenómenos intensos del Niño, muchos memorizamos, entre otras, las enormes crecientes del 1984.
El fenómeno del Niño impacta negativamente en habitantes de ciudades con barrios sobre ríos y arroyos, estos, desbordan con el exceso de lluvias y ven sus viviendas inundarse generando enormes complicaciones, hechos que se repiten en cada evento de este tipo, porque, la realidad dice que poco y/o nada se ha hecho para resolver estas situaciones, que no es solo con el realojo, que sí ha ocurrido, pero otras personas vuelven a localizarse en esas zonas inundables, se requieren entonces, obras de infraestructura para mitigar las crecientes en los centros poblados.
Analicemos la incidencia en la producción.
Caminería: partimos en general de una caminería rural precaria, de baja calidad, sin inversión para elevar su nivel, de escaso mantenimiento, por lo que seguro será un problema para evacuar la producción en periodos de mayores precipitaciones. A esto se suma la arbitrariedad de varias intendencias de limitar el uso hasta después de 48 horas de finalizadas las lluvias, lo que puede imposibilitar el tránsito de camiones si las precipitaciones son continuas. Sería necesario que las instituciones agropecuarias presenten recursos en los ámbitos judiciales para levantar estas inapropiadas e inconstitucionales reglamentaciones departamentales. Esta gran red vial y sus implicancias es transversal a todos los sectores de la producción.
Ganadería: el hecho de recibir más precipitaciones en general es favorable. Mayor oferta de forraje, más preñez, más capacidad de recría y engorde, resulta en aumento de la productividad, además, con capacidad de retener ganado gordo en el campo posiciona mejor al productor frente a la industria frigorífica logrando una mejora en los precios.
Por cierto, hay zonas donde el exceso de lluvias, las crecidas, restringen el área de pastoreo y generan pérdidas de pasturas, para estos casos el impacto puede ser muy negativo; como también para el engorde a corral, modalidad de relevancia hoy día, las lluvias aplican complicaciones en la dinámica del proceso y quizá, mayores costos; la lechería es similar, más forraje, pero complicaciones para el manejo del ganado lechero.
Forestación: entiendo que genera mayor crecimiento de los árboles y minimiza los riesgos de incendio, como efecto adverso, quizá complique las labores de plantación.
Agricultura: los cultivos de invierno son impactados en su periodo final, problemas de sanidad pueden ocurrir, como también complicaciones en la cosecha.
Los cultivos de verano, debemos dividirlos en 2, los de secano y los irrigados, mayormente arroz.
· Secano: soja y maíz. Más allá de algún desafío para el periodo de siembra y luego en cosecha, las posibilidades de precipitaciones mayores en el verano seguramente aumentarán los rendimientos, dado que lluvias por encima del promedio mitigarán las restricciones de agua en estos cultivos, que lo padecen en la mayoría de los años, es así, que, es alta la probabilidad de alcanzar promedios más cercanos a los potenciales ambientales. Por ello, los años Niños son muy favorables para estas culturas. La atención sobre el cultivo de soja está dada en la zona este, principalmente en las áreas de rotación con arroz, allí el desafío y la complejidad son importantes, dada la característica de mal drenaje que tienen estas situaciones. La experiencia nos enseñó que años Niños en esas áreas son de menor productividad en soja y con grandes superficies sembradas pero que no se cosechan.
· Irrigados, me centraré en arroz. En los años Niños la oferta de agua para el riego es total, ríos, lagunas y represas ofrecen su mayor caudal, por tanto, no es un limitante para las intenciones de siembra. Pero al generarse las mayores precipitaciones en primavera, verano y otoño, esto impacta directa y fuertemente en cada uno de los ciclos del cultivo de arroz. Lluvias abundantes en el momento de siembra, fin de setiembre, octubre y principio de noviembre -periodo óptimo de siembra- máxime teniendo en cuenta que son suelos muy impermeables, reducen los días aptos de trabajo, inclusive se anulan, lo que ocasiona atrasos y pérdida de calidad del sembradío, una buena siembra y en fecha, son el principal factor para la alta productividad; la emergencia también se ve perjudicada en esas condiciones, el número de plantas es otro factor relevante del rendimiento; verano lluvioso, es igual a menor radiación solar y temperatura, lo que no es deseable, dado que la alta heliofanía es componente fundamental para colmar y cumplir una excelente productividad del arroz, como lo es el uruguayo; otoño lluvioso, momento de la cosecha, se reducen los días de recolección, siendo un cultivo de muchos kilos por hectárea cuando está maduro queda demasiado sensible al clima, por ello, atrasos en cosecha, puede ocasionar pérdida de granos en el campo, lo que es muy frustrante para el productor. Por todo esto, seguramente un año de fenómeno del Niño intenso será de difícil concreción del área de siembra estimada, de aumento de costos y de menores rendimientos, de concretarse los pronósticos, será de magnitud esa disminución; los análisis de periodos anteriores así lo demuestran. He de recordar que el sector lleva 2 años de resultado económico negativo, por lo que no llega en condiciones económico-financieras favorables para enfrentar tanta adversidad, lo que es todo un desafío llevar adelante la zafra.
Granja: es un sector que conozco muy poco, si, valoro muchísimo a sus productores, entiendo que en un año Niño las posibilidades de temporales con viento y granizo pueden generar perjuicio de magnitud a esos cultivadores.
Como vemos, es dispar el impacto en los resultados productivos de las actividades primarias del Uruguay causadas por el Niño.
A cuenta de mayor desarrollo en la columna de la semana que viene sobre los impactos de este fenómeno en los precios internacionales de nuestros productos de exportación, adelanto que estos también están fuertemente incididos, casi todos con fundamentos alcistas en la conformación de los valores.
Por ello diré, como balance final en general, que un año Niño termina siendo beneficioso para los agricultores uruguayos.
