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Por Marcelo Pereira Machín, experto en manejo y conservación de pastizales

Muchos enfoques hacen alusión a que son sistémicos, pero rara vez se ocupan en profundidad de la dimensión humana, es decir, de la gente. Cuando ésta se incorpora en los análisis, y a su vez interacciona con muchas otras variables de forma directa y recíproca, se afirma que estamos frente a sistemas complejos.

Los productores (en sentido genérico) son los únicos que tienen que lidiar con muchas variables: desde la entrada de plata, que es variable en el tiempo, y los costos que se tienen siempre, hasta situaciones climáticas adversas, contextos de precios muy variables, políticas institucionales cambiantes, entre muchas otras. Es decir, se tienen que mover en un contexto que es variable y que condiciona el desempeño de las empresas.

Ese contexto presiona a las empresas, determinando que algunas desaparezcan y otras continúen.

Las que siguen son las que logran adaptarse a la nueva situación reinante. Con esto se puede hacer una linda analogía con la teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin (1859), la cual se apoya en tres pilares básicos: variabilidad, adaptación y herencia.

En cuanto a la variabilidad de las empresas, existen muchas que combinan las variables (por ejemplo, en la gestión del pasto) de manera diferente, y existen más combinaciones de las que en la realidad luego van a funcionar.

La adaptación se manifiesta en aquellas empresas que logran sortear esa “nueva situación” y se expresa en aquellas que aprenden, lo que nosotros llamamos adopción sustentable. Es decir, es importante tener el conocimiento para aplicarlo cuando sea necesario. Por eso afirmamos que la adopción (de tecnología) es contextual y no es pertinente juzgar a la extensión sólo por una variable binaria, como si adopta o no.

Hay muchos ejemplos de esta contextualidad, y uno de ellos ocurrió en 2022, cuando los precios del ganado eran muy buenos y, frente a una seca que sobre todo en el norte preocupaba, los productores apelaron al destete precoz, mientras que, al año siguiente, hubo una seca mayor, con precios bajos, y se hizo poco destete precoz.

La herencia, que se basa (en la teoría de la evolución) en la autorreplicación del ADN y determina que algunas características pasen a las generaciones siguientes, en las empresas se llama transmisión cultural y es el conocimiento que pasa de padres a hijos, entre hermanos, pares o vecinos.

Para que esta analogía (teoría de la evolución) no opere salvajemente, podemos actuar sobre todo en la transmisión cultural, fomentando y evaluando el aprendizaje y brindando herramientas para la toma de decisiones.

El conocimiento, en ese sentido, ha mejorado muchas e incontables situaciones; véase que en la época de Artigas la tasa de sobrevivencia infantil era de tan sólo el 50% y hoy supera el 90%.

En ambientes tan variables y poco predecibles, las recetas no funcionan, mientras que lo que sí sirve, una vez analizada la situación, es la toma de decisiones apoyada por herramientas. Es decir, ¡precisamos herramientas!

Es curioso, pero frente a la misma realidad dos productores pueden tomar decisiones radicalmente diferentes y ambas ser exitosas. De por sí, la vinculación de la dimensión humana con la naturaleza es un fenómeno complejo.

Existen, pues, muchas herramientas: desde los pronósticos meteorológicos, seguir de cerca los precios de las haciendas, medir el pasto, llevar registros, y muchísimas otras que no necesariamente tienen que ser formales, ya que muchas veces la observación sistemática y validada por años de realización brinda información de enorme utilidad.

La adaptación no ocurre en una charla técnica: sucede en el potrero, tiempo después. Los cambios para el productor no son una novedad; el tema es que actualmente la velocidad y acumulación de los mismos ha aumentado considerablemente. Es así que los productores son gestores de la incertidumbre y lo han logrado diseñando sistemas que sobreviven a lo imprevisible y que muchas veces no entendemos.

Esto requiere una mirada de largo plazo y lo que llamamos paciencia ecológica; por eso hoy todavía tenemos mucho campo natural.

La adaptación no empieza cuando cambia el clima, sino cuando cambia la manera de gestionar. Tampoco, y a veces es difícil de comprender, tiene sentido o dirección, es decir, es ateleológica.

Dependerá de las condiciones reinantes en el futuro, con el agregado de nuevos ingredientes que le ponen condimento a las circunstancias por venir, como la inteligencia artificial.

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