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Apenas se habilitó el acceso, los productores de la vecina orilla se adelantaron a sus competidores del Mercosur gracias a un trámite digital que el gobierno argentino implementó el mismo día de la entrada en vigor del acuerdo.

El 1° de mayo entró en vigencia de manera provisional el acuerdo interino de comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, y los productores argentinos de miel no dejaron pasar ni un día. En cuestión de horas coparon prácticamente toda la cuota de exportación sin aranceles disponible para el bloque regional. 

El pacto contempla una cuota anual de 45.000 toneladas de miel libre de aranceles para el Mercosur. Para este 2026, sin embargo, el cupo efectivo es de 5.000 toneladas, prorrateado en función de los ocho meses de vigencia que tendrá el régimen este año. Ese volumen se divide en tres tramos trimestrales: el primero ya se agotó, el segundo se habilitará el 1° de julio con 1.800 toneladas y el tercero el 1° de octubre con otras 1.800. Hasta el 30 de abril, la miel argentina ingresaba a Europa con un arancel del 17,3%. 

La historia la contó Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, en su cuenta de X, y el mérito, según el funcionario, no fue solo de los productores.

El protagonista detrás de escena fue Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción del Ministerio de Economía, quien advirtió a tiempo un detalle técnico clave. Para exportar con beneficio arancelario, los productores deben demostrar el origen del producto. La UE acepta una autocertificación —una declaración jurada del propio exportador— pero el tratado daba tres años de margen para que los países adoptaran ese sistema. Hasta entonces, el procedimiento habitual pasaba por las cámaras empresarias.

Lavigne no esperó los tres años. Desarrolló un trámite digital dentro del sistema de comercio exterior argentino para que cada productor pudiera autocertificar el origen de su mercadería desde su empresa, con unos pocos clics, con validación estatal incluida. Y lo dejó operativo el mismo día que el acuerdo entró en vigor.

El resultado fue contundente. Mientras productores uruguayos, brasileños y paraguayos seguían gestionando la certificación a través de sus cámaras, los argentinos ya tenían todo en orden, presentaron la documentación y se quedaron con la cuota.

 Sturzenegger también destacó que la eliminación de trámites del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) fue otro factor que permitió al sector privado moverse con la velocidad que el mercado exigía.

Uruguay y Paraguay cuestionaron el esquema de asignación por orden de llegada, que terminó favoreciendo principalmente a exportadores argentinos y brasileños. Paraguay llegó a pedir formalmente que se le reserve al menos una cuarta parte del contingente total. 

Para Sturzenegger, el episodio tiene una lección más amplia: "Ilustra la imperiosa necesidad de sacar al Estado de todos los trámites posibles, y dejarlo focalizado en lo importante. Nos muestra la inutilidad de todos los trámites cuando el propio sistema luego levanta las alertas necesarias".

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