
La menor extracción de nutrientes por los bajos rindes abre la puerta a ahorros, pero el comportamiento del nitrógeno genera incertidumbre. Los análisis de suelo aparecen como una herramienta central para optimizar costos en la próxima campaña.
La campaña agrícola deja también un cambio relevante en el manejo de fertilización, en un contexto donde los bajos rendimientos implicaron una menor extracción de nutrientes.
Según dijo a Informe Tardáguila el productor agrícola Gabriel Carballal, esto podría generar un "escenario de mayor disponibilidad de fósforo y potasio en el suelo", aunque con impacto todavía incierto en términos productivos.
Distinto es el caso del nitrógeno, cuyo comportamiento es mucho más inestable. “Es muy lábil. Caen tres lluvias y se lava. Es probable que, si sigue lloviendo como hasta ahora, lleguemos a la siembra con niveles normales”, explicó.
En este contexto, el productor pone el foco en la importancia de ajustar las decisiones con información concreta.
“Este es un año clave para hacer análisis de suelo”, afirmó Carballal.
La experiencia en una de sus chacras de maíz de primera muestra el potencial de esta herramienta. "Con una inversión de $ 20.000 en análisis, logré reducir en torno a US$ 7.000 en fertilizantes", ejemplificó. Esto porque era una chacra que en teoría iba a dar 8.000-9.000 kg/ha de maíz y terminó dando unos kg/ha 4.000. Acotó que con chacras de soja seguramente también pase algo similar, por el menor rendimiento que se tendrá tras la cosecha.
Más allá de que los resultados pueden variar entre establecimientos, el mensaje es claro: en un escenario de márgenes ajustados, el manejo fino de la fertilización puede marcar diferencias relevantes en la rentabilidad de la próxima zafra agrícola de invierno.


