El Anuario Estadístico del MGAP muestra que la hectárea promedió US$ 4.178 en 2025, con un alza de 5,3% frente al año previo. Medida en kilos de novillo, litros de leche o kilos de lana, la tierra resultó más accesible. Medida en granos, fue más cara.
El precio de la tierra en Uruguay cerró 2025 en un récord para la última década, situándose en US$ 4.178 por hectárea, según los datos de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del MGAP. El valor representa un aumento de 5,3% respecto de 2024 y consolida una recuperación sostenida, en un año en que se concretaron 1.718 operaciones de compraventa sobre 258.942 hectáreas, por un monto global de US$ 1.082 millones.
La serie de diez años describe una curva en forma de “U”. En 2015 la hectárea se ubicaba en US$ 3.584 y luego atravesó una etapa de ajuste que la llevó a un piso de US$ 3.257 en 2018. A partir de allí la tendencia se revirtió de manera paulatina: US$ 3.295 en 2020, US$ 3.499 en 2021, US$ 3.741 en 2022 y US$ 3.783 en 2023. El ritmo se aceleró en 2024, con US$ 3.967, hasta llegar al máximo de 2025. Desde 2015 el valor acumula una suba de cerca de 17%, y desde el piso de 2018 el avance supera el 28%.
Donde más se notan los cambios es en la relación de intercambio, que mide cuánto producto necesita un productor para comprar una hectárea. En la ganadería vacuna, la mejora fue clara: en 2025 se necesitaron 1.563 kilos de novillo gordo en pie, frente a 1.907 en 2024 y 1.993 en 2023, una reducción de alrededor de 18% en el último año. La cifra queda además muy por debajo del pico de la década, de 2.288 kilos, registrado en 2017.
En lechería ocurrió algo similar, aunque más moderado, la hectárea equivalió a 9.743 litros de leche, una leve baja respecto de los 9.985 litros de 2024 y bien lejos de 2015 y 2016, cuando la relación superaba holgadamente los 12.000 litros.
El rubro ovino mostró el mayor alivio del último año. Con la lana hicieron falta 2.881 kilos por hectárea en 2025, frente a los 4.667 kilos de 2024, el máximo de la serie reciente. Aun así, la relación continúa muy por encima de los 1.071 kilos que alcanzaba en 2018.
En los cultivos ocurrió lo contrario, y la tierra resultó más cara medida en grano. Para comprar una hectárea se precisaron 11.543 kilos de soja en 2025, contra 10.331 en 2024 y 7.898 en 2023, un nivel que se acerca a las relaciones más exigentes del decenio, registradas en 2017. En trigo, la exigencia subió a 20.051 kilos por hectárea, desde 17.789 en 2024 y 13.608 en 2023, y se aproxima al pico de 2016, cuando fueron necesarios 21.987 kilos.
El arroz pasó de 11.985 a 15.165 kilos por hectárea en un año, aunque se mantiene por debajo de los 19.246 kilos de 2017. El informe concluye que la firmeza del valor de la tierra, combinada con la volatilidad de los precios internacionales de los granos, volvió más exigente la compra para la agricultura. La recuperación de los precios pecuarios, en cambio, dio más holgura a la ganadería de carne y a la lechería.
Arrendamientos.
En el caso de los arrendamientos, los suelos con aptitud para la agricultura de secano, se posicionaron con un promedio de US$ 273 por hectárea al año. Le sigue los sistemas agrícolas e intensivos lecheros, con US$ 236, y la lechería pura, con US$ 230. El arroz se ubicó en US$ 216, la forestación en US$ 167 y los sistemas mixtos agrícola-ganaderos en US$ 159.
En el otro extremo está la ganadería de carne, que se desarrolla mayormente sobre campos naturales y suelos de menor índice productivo. Es la actividad con mayor superficie arrendada, con 224.918 hectáreas, pero también la de menor precio, con apenas US$ 82 por hectárea al año.
La brecha es amplia, los campos con aptitud agrícola o lechera pagan entre 2,8 y 3,3 veces lo que se paga por una hectárea ganadera extensiva.

