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Felipe Kleiman, director de KLM, analizó la dinámica del mercado israelí en un contexto de conflicto, las oportunidades para el Mercosur en carne kosher y los desafíos logísticos y de posicionamiento. 

Con más de 25 años de experiencia en la industria, Felipe Kleiman combina el conocimiento técnico de los procesos de faena kosher con una visión comercial construida entre el Mercosur e Israel. Desde hace menos de un año radicado en ese país, hoy tiene un contacto más directo con importadores y con la dinámica real del consumo.

En un contexto marcado por la sucesión de eventos disruptivos —pandemia, conflictos bélicos y restricciones logísticas—, el mercado israelí muestra señales de resiliencia. El consumo no desaparece, pero cambia de canal y composición, mientras la menor circulación de turistas y población flotante impacta sobre la demanda total.

A su vez, Kleiman identifica oportunidades claras para Uruguay y la región, tanto en carne ovina como en ganado en pie, aunque advierte sobre cuellos de botella vinculados a la logística, la estructura productiva y la necesidad de mejorar la comunicación de atributos de calidad en el mercado. A continuación, la entrevista que mantuvo con World Beef Report (WBR). 

¿Cómo describirías hoy el rol de KLM y el trabajo que realizan entre Mercosur e Israel?
Como consultora, en KLM nos especializamos en todos los aspectos de la producción de carne, en particular en la faena y en los procesos industriales. Trabajamos tanto en proyectos técnicos como en la parte de inteligencia de mercado.
Asesoramos a clientes de Israel con relación al Mercosur y también a clientes del Mercosur en relación con el mercado israelí. Tenemos más de 25 años en el rubro y, desde que me mudé a Israel, tuve un acceso mucho más directo a los importadores y a la dinámica del mercado.

¿Cómo está hoy el consumo de carne en Israel en un contexto de conflicto? ¿Cambió el comportamiento del consumidor?
El consumo interno no ha disminuido. La gente puede dejar de ir a restaurantes en momentos de guerra, pero no deja de comer en su casa.
Lo que sí hay es un impacto por la caída de la población flotante. Israel es un país con mucho turismo y estudiantes extranjeros, que representan entre 15% y 20% de la población. Con los aeropuertos cerrados o parcialmente operativos, ese flujo cae fuerte.
Entonces hay una disminución del consumo total, pero no porque la gente consuma menos carne, sino porque hay menos personas en el país.

¿Qué expectativas hay para el próximo período de actividad kosher en la región?
Creo que va a haber una retomada con fuerza. Se perdió aproximadamente un mes de producción antes de Pascua por el conflicto con Irán y la salida de los equipos.
Ahora el principal factor es la normalización de los vuelos. Todavía hay restricciones y eso complica la llegada de los equipos a la región.
El precio también es una variable clave, porque cuando China presiona, muchas veces los valores que tiene que pagar el kosher para competir se vuelven difíciles de sostener.

¿Cómo ves el posicionamiento de las carnes del Mercosur en Israel?
Hoy el posicionamiento es bastante pasivo. Lo que existe es una reputación histórica de los países. Se refleja en los precios: primero Argentina, después Uruguay, luego Paraguay y Brasil con pocas diferencias.
Lo que empieza a cambiar es la percepción del consumidor, que comienza a valorar atributos como la genética, el marmoleo o certificaciones como Angus. Ahí hay un espacio grande para trabajar mejor la comunicación. El consumidor no siempre entiende por qué hay diferencias de calidad entre productos.

Uruguay logró la habilitación para exportar carne con hueso, pero los volúmenes no crecieron como se esperaba. ¿A qué lo atribuís?
Históricamente la carne importada era sin hueso. El consumidor que quería carne con hueso la compraba de faena local.
Entonces ese consumo no se trasladó automáticamente al producto importado. Ahora hay que esperar que el consumidor que compraba carne sin hueso empiece a incorporar estos productos.
En ovinos, además, es un mercado relativamente nuevo para Uruguay. Las plantas todavía se están adaptando, requieren inversión y tiempo. Ahí hay una oportunidad clara de crecimiento.

¿Ves potencial para que más plantas uruguayas se sumen a exportar carne ovina a Israel?
Seguramente. Es un mercado que puede crecer. Hoy se empieza a ver carne ovina uruguaya en supermercados, algo que antes no ocurría. Eso genera accesibilidad y también difusión del producto. Creo que sería importante que haya más trabajo institucional para comunicar mejor este mercado, sus requisitos y oportunidades.

¿Existe potencial para la exportación de ganado en pie hacia Israel?
Sí, hay espacio. La carne local es vista como un producto premium y hay una demanda creciente. Israel tiene alrededor de 12 frigoríficos de vacunos y algunos operan a escala relevante. El sistema depende de terneros importados y eso abre una oportunidad para Uruguay. La principal limitante hoy es la logística. Hay más demanda que disponibilidad de buques, lo que frena el crecimiento de este negocio.

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