
Luis Pedro Olaso, encargado de granos de Megaagro, analizó el mercado de maíz para la segunda mitad del año: importación récord en el primer semestre, Paraguay con retraso en la cosecha y precios que difícilmente bajen de los US$/t 250.
La expectativa de una megacosecha de maíz en Uruguay no se cumplió. Eso lo dejó claro Luis Pedro Olaso desde el arranque, y las consecuencias se sintieron rápido: en los primeros cinco meses del año se importaron unas 150 mil toneladas de maíz, contra apenas 30 mil en el mismo período del año anterior. “Tuvimos que salir corriendo a buscar maíz”, graficó en diálogo con La Lechera. Normalmente la importación se concentra en el segundo semestre; este año arrancó antes y con una intensidad inusual.
El escenario regional explica buena parte de lo que está pasando. Argentina tuvo una cosecha gigante, pero el mercado interno argentino está muy activo y eso presiona los precios hacia arriba.
“Nosotros como importadores somos prácticamente un comprador local: tenemos que pagar lo que se vende internamente, más los gastos de importación”, explicó Olaso.
Con el maíz en Rosario rondando los US$ 180 la tonelada y sumando fletes y costos de cruce, el grano argentino llega a Uruguay en torno a los US$ 275-280. Es más caro que el paraguayo, pero tiene una ventaja que en este momento importa: los camiones cargan y en dos días está acá.
Paraguay, con un mes de retraso
La zafriña paraguaya normalmente empieza a cosecharse en la última semana de junio y abastece el mercado regional durante julio y agosto. Este año no va a ser así. La seca de enero llevó a los productores paraguayos a retrasar la siembra de maíz —que se hace después de levantar la soja—, y eso corrió toda la cosecha hacia agosto, septiembre y octubre. “Estamos con un mes de delay”, dijo Olaso. En esa ventana, el maíz argentino sigue siendo la opción disponible.
El retraso paraguayo tiene además otro componente que complica la ecuación: el consumo interno de Paraguay creció de forma importante en los últimos años, con alcoholeras y corrales que generan un piso de demanda que antes no existía. Y cuando Brasil está en su propia cosecha —como ocurre en esta época—, las compras desde Paraguay son menores, lo que reduce la presión sobre los precios pero también achica la oferta disponible para Uruguay.
Logística: el problema dentro del problema

Uno de los puntos que Olaso desarrolló con más detalle fue la logística, que este año está especialmente complicada desde Argentina. La razón principal es Vaca Muerta: el yacimiento consume 1.000 camiones volcadores por día para transportar arena desde el río, lo que dejó prácticamente sin disponibilidad de ese tipo de unidades para el transporte de granos. Sumado a la propia cosecha récord de Argentina —maíz, soja, girasol— el resultado es que no hay camiones, o los que hay están caros.
Eso está generando un cambio en la composición del flete. Históricamente Uruguay operaba con un 80% de camiones argentinos y un 20% uruguayos. Hoy esa relación ya está en 50-50 y según Olaso va a seguir inclinándose hacia el flete uruguayo, que es más caro pero está disponible.
A eso se suma el costo de cruce. Por cada camión que cruza el puente, entre peaje, papeleos y trámites, el costo es de unos US$ 12 por tonelada. En mercaderías de alto valor por unidad eso no incide demasiado, pero en granos o subproductos como el afrechillo, donde el valor del camión ronda los US$ 6.000-7.000, ese costo es determinante.
En ese contexto, la barcaza aparece como alternativa. Este año el río tiene agua —algo que no siempre ocurre— y eso permite bajar maíz desde Paraguay por vía fluvial.
La contra es que llega toda junta y hay que tenerla en Nueva Palmira, con un flete adicional de US$ 20-25 hasta el punto de consumo. Pero para quienes tienen capacidad de almacenaje, es una opción que da tranquilidad de abastecimiento.
El consumo creció y los precios tienen piso
Uruguay consume hoy cerca de 2 millones de toneladas de maíz al año. Hace dos décadas el número rondaba 1 millón. El crecimiento de los corrales de engorde explica gran parte de esa diferencia: si antes se encerraban 50.000 cabezas, hoy la escala es incomparablemente mayor, y a eso se suma el concentrado para exportación en pie y para los barcos en cuarentena.
Con ese nivel de consumo y la oferta ajustada, Olaso no ve margen para bajas importantes en el segundo semestre. Su proyección es que el precio se mantenga en torno a los US$/t 250, salvo algún factor imprevisto. “No creo que caiga mucho más de eso”, dijo.
El riesgo que más le preocupa no es que el maíz paraguayo baje de precio cuando llegue la cosecha, sino que la logística se vea desbordada y lo que se gane en grano se pierda en flete. “Capaz que la baja no va a ser tan grande.”
Para los tamberos y los operadores de encierros, el mensaje es claro: hay maíz disponible, pero no barato, y la logística seguirá siendo un factor de costo relevante al menos hasta que la cosecha paraguaya entre en ritmo normal.



