En la jornada Crecer en familia de Pasturas 2026, Fernando Bove, sus hijos Andrés, Fernanda y Pablo repasaron ante el público cómo construyeron, generación tras generación, la empresa familiar que hoy es El Coraje.
Desde Sarandí del Yí, Durazno
Fernando Bove es oriundo de la zona de San José y llegó a Sarandí del Yí hace 65 años, a un campo que definió como "bastante complicado", con todos los potreros abiertos desde 1944. Contó que en esos primeros años "llevamos la cabeza mucho más adelante de los pies", con proyectos que costaba mucho concretar.
Recordó los hitos de esas décadas, el primer molino en 1974 para resolver el agua en los distintos potreros, el primer cerco eléctrico en 1975, y sobre todo la crisis de 1982, cuando quedaron "recontraganchados" con créditos tomados justo antes de la tablita.
También recordó la llegada del teléfono en 1981, después de haber recorrido 15 kilómetros para gestionarlo, y cerró su testimonio con una definición sobre el trabajo. "Para mí el trabajo no es un esfuerzo, al contrario, trabajo es algo lindo. Es lo que quiero transmitirles. No importa que esté cansado, lo importante es poder trabajar, poder vivir de algo", dijo.
Fernanda, el manejo del pastoreo
Fernanda Bove Itzaina describió el sistema productivo del establecimiento, un esquema netamente criador con 700 vientres, donde se venden los terneros machos al destete y se retienen las hembras de reposición.
Explicó que trabajan con inseminación artificial en la mayoría de los lotes y que este ejercicio llegaron a 391 preñeces por transferencia embrionaria in vitro, una tecnología que, remarcó, exige "una gran inversión y muchísimo trabajo". Desde 2018 realizan servicios precoces en vaquillonas de 15 meses.
De ese proceso de selección surgen unos 100 toros de venta por año, un número que calificó de bajo en relación a la cantidad de vientres y embriones producidos, producto de una presión de selección muy fuerte.
También detalló la producción de semen bovino del laboratorio propio, con ventas al mercado interno y a siete países (Argentina, Paraguay, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Canadá), con más de 200 mil dosis anuales y más de 2.000 embriones por año.
Sobre el manejo del campo natural, explicó que cuentan con 97 subdivisiones de entre 5 y 30 hectáreas, definidas según las comunidades vegetales y la productividad de cada zona, y que utilizan una aplicación de registro de pastoreo para llevar el control de los días de ocupación de cada potrero, algo que antes resultaba muy difícil de sostener de memoria o en una planilla.
Andrés, la organización y la administración
Andrés Bove Itzaina, el hijo menor, es quien tiene a su cargo la administración de la empresa, una decisión que Ravaglia destacó especialmente durante la jornada, al señalar que suele recargarse la mayor responsabilidad sobre el hijo primogénito sin evaluar el perfil de cada uno.
En su testimonio, Andrés planteó la estrategia de integrar distintos frentes de trabajo, entre ellos el equipo ganadero, el de chacra y el de laboratorio, que funcionan de manera independiente en el día a día pero de forma coordinada. Explicó que ordenaron los roles entre la parte de los propietarios, el directorio, que integran Fernando, los cuatro hijos, y la parte ejecutiva. Cada director tiene voz y voto y las decisiones se toman por mayoría.
También detalló que, entre las reglas de funcionamiento fijadas dentro de la empresa, establecieron una remuneración privada equivalente a la que cada uno obtendría trabajando en otra empresa, un criterio que buscó ordenar la relación entre el trabajo de cada integrante y su retribución.
Sobre el manejo de la chacra, contó que en 2022 incorporaron mapeo de suelos, lo que les permitió detectar valores muy bajos de fósforo y ajustar las frecuencias de fertilización.
Pablo, el programa genético
Pablo Bove Itzaina expuso los criterios de selección del programa genético de la cabaña El Coraje, ordenados en cuatro prioridades, la aptitud funcional, la consistencia, el fenotipo y el crecimiento y carcasa.
Dentro de la funcionalidad, ubicó en primer lugar la fertilidad en condiciones 100% de campo natural, seguida de la precocidad sexual (con servicios precoces desde hace 18 años), la facilidad de parto y la longevidad, además del temperamento, un aspecto que consideró clave porque la mayoría de sus clientes son productores familiares o de escala mediana y chica.
"Queremos vender soluciones, no problemas", sintetizó.
En cuanto a la consistencia, explicó que trabajan con muy pocas familias de vacas probadas, de modo que el 100% de los animales que utilizan desciende de esas líneas, y que evitan aventurarse con toros externos salvo casos puntuales de transferencia, priorizando siempre conocer el historial genético de cada reproductor.
Pablo dedicó buena parte de su exposición al trabajo sobre calidad de carne, con mediciones de grasa intramuscular por ecografía que vienen realizando desde 2006. Señaló que encontraron una alta correlación entre marmóreo y características maternales, como fertilidad y facilidad de parto, y que en siete años lograron un aumento de 29% en marmóreo sin incrementar el tamaño de los animales, algo que remarcó como una diferencia frente a otras experiencias donde ese tipo de mejora vino acompañado de animales más grandes.
Destacó además que la genética de marmóreo ya se paga en mercados como Brasil, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, y anticipó que la tendencia también llegará a la comercialización local.
La empresa trabaja hoy sobre unas 2.400 hectáreas entre campo propio y arrendado y las cinco familias viven en el predio en diferentes locaciones.


